UN DIENTE

Cuando aún no había llegado a los veinticuatro años me aconteció un hecho que en ese momento me pareció lo más traumático que me había pasado.

Sin aviso previo un día se me cayó un diente. En realidad el diente ya había dado muestras de no estar muy sólidamente instalado en su lugar pero nunca creí que se caería.

No estaba preparado para eso por lo que me sentí muy deprimido.

Todos tenemos experiencia en caídas de dientes cuando somos chicos pero este no era de los llamados “dientes de leche” sino uno de los auténticos, de los definitivos. Con el apresuramiento propio de la juventud pensé que había entrado ya en la decadencia más terrible. Suponía que a nadie le había pasado nunca algo semejante. Por lo tanto, guardando mi secreto, seguí adelante pero muy apesadumbrado.

Con el tiempo se me cayó otro y otro más. Ya la “decadencia” se había hecho presente y el problema se había convertido en irreversible.

Trataba de vivir mi vida normalmente y lo conseguía pero cuando me encontraba solo me acordaba del tema y me entristecía. Trataba de no sonreír mucho y eso me hacía sentir mal.

Un día me encontré con una amiga y fuimos a tomar algo. Siempre me llamó la atención lo alegre que era. Siempre se la veía tranquila, amable, graciosa.

Su sonrisa era algo muy agradable y la hacía destacarse. Seguro que nunca había tenido un problema como el mío.

Por lo tanto me atreví y le pregunté como hacía para tener esa dentadura tan perfecta.

– Muy fácil, me contestó. A los veinte años tuve una infección muy fuerte en mis dientes por lo cual tuvieron que sacármelos todos. A partir de ese momento tuve que decidir si quería pasar el resto de mi vida encerrada para que nadie me viera o solucionar el problema. Por lo tanto mis padres me buscaron el mejor dentista que pudieron y me hice una magnífica dentadura como podrás observar.

Ante mi asombro me preguntó:

-¿Hice mal?

– No, le contesté.

Nos despedimos y me fui cavilando hasta mi casa.

A elle le había pasado algo mucho más terrible que a mí. Le habían tenido que sacar treinta y dos piezas dentarias y a mí solo se me había caído uno. Tuvo que afrontar dolores, cambios y adaptaciones pero había logrado vencer el problema. Y había conservado su maravillosa sonrisa. Yo había tenido un pequeño problema y me había dejado vencer sin hacer nada.

En ese momento me dí cuenta que lo tremendo no era tener un problema sino no afrontarlo.

¿Cuántas veces nos hemos dado por vencidos sin haber luchado para no ser derrotados?

A partir de ese día mi vida cambió. Por supuesto arreglé mis dientes y volví a sonreír como antes. Además nunca más me dí por vencido antes de haber hecho algo para resolver un problema.

La cuestión no es tener un problema sino no hacer nada para solucionarlo.

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21 respuestas to “UN DIENTE”

  1. Anahi Says:

    Afrontar los problemas , hay cosas que tienen que tener una solucion en algun momento de la vida .
    sobreponerse ante lo que sucede .Vemos como hay personas que se superan ante obstaculos y siguen adelante con sus vidas .
    Hay que buscar la solucion ante la dificultad.

    • alfredoh Says:

      Me agrada Anahí que captes el sentido de la nota y comprendas como a veces pequeños contratiempos nos parecen montañas imposibles de escalar solamente porque nosotros los magnificamos. Estos pequeños contratiempos agigantados detienen nuestro camino, no nos dejan avanzar. Es bueno verlos en su verdadera dimensión y no dejarnos derrotar por futilezas que no valen la pena.

    • alfredoh Says:

      Superar obstáculos es aprender a vivir.

  2. lilen Says:

    hay que aceptar y no tener miedo ni verguenza de hablar de los problemas que tenemos por que lo que seguramente creemos que a nosotos solos nos pasa a la mayoria de la gente tambien, me alegro que esta persona te alla podido contar su problema y asi ayudarte a solucionar el tuyo

    • alfredoh Says:

      Es verdad Lilén. El hablar con la persona que tenía la mejor sonrisa me hizo darme cuenta que no hay que magnificar el problema sino enfrentarlo con decisión.

  3. guillermo stilstein Says:

    Hace unos meses conocí un sujeto sin igual….Ante una muela que tengo que parece un play-móvil decidí agregar un gancho a una prótesis de dientes superiores que llevo con holgura y dignidad, cierta indiferencia, y a veces pánico. Para asegurar la prótesis deduje que un gancho más sería preventivo. Busqué por internet y encontré un sitio cerca de mi casa. Entonces, llamada telefónica, turno y en marcha. Una casa vieja, una escalera caracol oxidada, un sujeto muy parecido a Capusotto, ese estilo. Me lleva a un patio techado con dos cuartos al lado, una televisión prendida en un cuarto, varios gatos rondando, abajo sonido de adolescentes jugando en computadoras. El sujeto me pide mis datos, edad, fecha de nacimiento….y me preguntaba para que querria mis datos. Entonces comienza a calcular números y me empieza a hablar de mi, de mis cualidades….lo miro y le digo: flaco, yo vine a arreglarme una prótesis…y me dice: ahhhhhh….perdón…es que tambien hago numerología y tarot…y creí que venías por eso….Jua jua jua…casi me caigo de la risa…..ahi tuve que decidir con mis vísceras por donde saldría corriendo más rápido. Pero algo en mi estaba tranquilo. Finalmente Simil Capusotto hizo su trabajo y resultó ser bastante artista y con buen oficio. Una historia graciosa. Los dientes caen, es una fucking desgracia. Pero conozco gente con unos dientes increibles, a una edad cercana a la mia. Que envidia. Unos tienen, otros no. Dios juega a veces a la perinola. Claro que si no me hubiera comido millones de lentejitas de chocolate que me traía la Abuela, y tampoco me hubiera mordido tanto a mi mismo en mis años de búsqueda-de-algo-que-tuviera-sentido…quizás tendría mis dientes ahora…..No Ajah Chah, un maestro budista, dicen, se cansó un día de tener tantos dolores de dientes y se los sacó todos y se puso un postizo y estuvo feliz con eso. La felicidad no pasa por un diente más o menos, pero….ja ja ja….me gustaría tenerlos todos para mastiquear mejor la milanesa, o darle un mordiscón más preciso a mi chica. Ja ja. Sin humor estamos fritos.

    • alfredoh Says:

      Genial tu comentario Guillermo. Ya lo leí varias veces y cada vez le encuentro un significado nuevo aunque creo que el símil de Capusotto y Ajah Chah te ayudaron bastante para hacerlo. Si me equivoco decime y te devuelvo todo el mérito. En realidad solo quería hacer un artículo sobre como magnificamos cosas y a la distancia vemos que eran insignificantes. Pero vos lo transformaste en un clásico de las respuestas a un blog. Tu respuesta se lee con sumo agrado. Hasta creí adivinar un poco del humor que me mencionaste en la respuesta. jajajaja!!! Gracias Guillermo. Pasé un buen momento leyendo tus aventuras. Seguí escribiendo!!!

  4. carolina Says:

    Hay días en los cuales me detengo a pensar en aquellas montañas que se me presentaron y vistas a la distancia se me ocurren simples montoncitos de arena. Tenemos la manía de agrandar nuestros problemas y verlos como irresolubles. Al enfrentarlos se achican.

  5. mariano moral Says:

    La juventud y la costumbre de pensar que el físico es lo más importante. Un diente menos significaba una debacle. Era irremplazable. Sin embargo con el paso del tiempo nos damos cuenta que lo malo no es una pérdida sino la actitud que tomamos ante ella.

    • alfredoh Says:

      Totalmente de acuerdo. No interesan las pérdidas sino nuestra actitud ante ellas. El caso de esta chica es un buen ejemplo. En lugar de deprimirse afrontó el problema y era admirada por todos por su maravillosa sonrisa.

  6. Damas Art Says:

    Jajaja, me hace gracia la comparación que utilizas para llegar a la conclusión final. A mí también me han tenido que quitar algunos dientes y muelas, unos pude empastarlos, otros ya no, por falta de capacidad económica. ¡Los dentistas están muy caros!, así que sigo sufriendo con mi boca medio mellada. No he podido afrontar el problema, sino aceptarlo y vivir con ello. 🙂

    Besicos Alf

    • alfredoh Says:

      Me encanta que te guste la comparación que utilizo para llegar a la conclusión final. También sé que en la debacle económica en que entró España es difícil hasta arreglarse una dentadura. En la época en que sucedió esto en la Argentina no era un problema económico. Los sindicatos pagaban todos los gastos. La cuestión fue superar la angustia que me ocasionó un mal menor. Aprendí a no magnificar un pequeño problema. Mi amiga me dio su ejemplo y con eso me ayudó.

  7. Cristina Says:

    Un diente y se hase mala sangre. jajjajaj. no hay que darele tanta importansia.

  8. clark Says:

    Loss dientes siempre fueron mi preocupaciòn. duelen y se caen un asunto feo.

  9. Lorena Rakos Says:

    Maravilloso artículo!! Tenés muchísima razón cuando planteás que lo tremendo es no afrontar el problema. Todos tenemos problemas y está en nosotros el intentar hacer algo, al menos, para poder solucionarlo. Puede pasar que no resulte, que no hallemos la solución, pero lo hemos intentado.

  10. Rosana Says:

    Interesante nota. Como agigantamos un problema menor. A la distancia se lo puede contemplar como fue. No sentirnos derrotados achica el problema.

  11. Daniel Bufi Says:

    Hola Alfredo, leí esta nota y llegué a la conclusión, que cuando alguien tiene un conflicto, hay que resolverlo en vez de huirle, a mi criterio no hay que sentirse derrotado ante la situación y poder afrontarla, hace un tiempo yo aprendí este tema.
    Cualquier persona en la vida cotidiana tiene problemas que resolver y a veces quiere evadir la realidad.
    Lo saludo atentamente y nos mantenemos en contacto, hasta cualquier momento

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