LOS BEATLES, MIS MANIAS Y YO

Todos tenemos ciertas cualidades que a veces pueden convertirse en defectos. Creo que toda cosa positiva tiene algo negativo y que cada cosa negativa tiene algo de positivo.

Uno de mis hobbies o manías es la de coleccionar.

Coleccionar cosas no es algo intrínsecamente malo pero si las cosas que coleccionamos no están ordenadas se convierten en algo casi espantoso.

Ya conté en este blog mi experiencia con unos muñequitos bastante molestos que bien ordenados se convirtieron en un espectáculo agradable. También relaté las conclusiones a la que había llegado al contemplar la obra terminada.

Cambiando de tema quiero decirles que cuando aparecieron Los Beatles en la Argentina representaron una pequeña revolución para la gente menor de 25 años. Luego fueron aceptados por la gente mayor y no había cumpleaños o casamientos donde no se escuchara algo de Yesterday, Michelle o My Life. Se podría decir mucho de los Beatles a nivel generacional y de cómo quedaron en el imaginario popular como clásicos en muchos aspectos. Como los nombres de John Lennon, Paul McCartney, George Harrison o Ringo Starr se convirtieron en casi integrantes de la familia.

Pero no quiero en este artículo hablar de lo que ellos fueron o siguen siendo para mucha gente, eso lo haré en otra nota.

De lo que quiero hablar aquí es de ellos y de mi manía coleccionista. Por supuesto su imagen era insoslayable en ese momento y yo comencé a coleccionar fotos y dibujos de ellos. Esta manía no se redujo a mi adolescencia si no que seguí coleccionando a través del tiempo aunque en forma bastante desordenada.  Mi experiencia con los muñequitos me llevó a preguntarme por que no hacía lo mismo con las fotos y otros recuerdos de los Beatles.

Por lo tanto me puse a hacerlo.

Las imágenes las fui encontrando en los lugares más insólitos. Por ejemplo dentro de un libro de Historia, en otro de pinturas de Goya, dentro de diarios o revistas y hasta en una caja de zapatos vacía.

Poco a poco fui rescatando todo el material que se convirtió en un pequeño tesoro.

Internet tiene entre algunas de sus ventajas la de poder compartir cosas con otras personas sin necesidad de ir casa por casa. Compartir es una de las cosas más maravillosas que tiene el ser humano siempre que se haga con sinceridad.

Por lo tanto me gustaría compartir mi pequeño “tesoro” con ustedes.

Creo que a los de cierta edad les encantará la idea y que a los más jóvenes les puede interesar ver imágenes de otra época.

De cualquier manera creo que podemos decir que los Beatles no tienen edad. El apoyo que sucesivas generaciones les han dado nos permite decir que los Beatles exceden el marco de una de una época determinada. Al escucharlos los sentimos actuales. No pueden envejecer, no pueden pasar de moda porque han demostrado no ser una moda porque las modas son pasajeras.

Bueno, hecha la presentación, los dejo en compañía de las imágenes.

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15 comentarios to “LOS BEATLES, MIS MANIAS Y YO”

  1. Emiliano Reina Says:

    jajaj este alfred, a mi tambien me encantan los beatles,
    jojo adentrode libros tenias las fotos..

    • alfredoh Says:

      SI, EMILIANO, TENÍA TODO TIRADO Y PARECIAN COSAS SIN IMPORTANCIA QUE HABÍA QUE TIRAR. CUANDO LAS ORDENÉ ME DI CUENTA QUE TENIAN UN VALOR TANTO SENTIMENTAL COMO PARA COMPARTIR CON OTROS. EN LA VIDA SIEMPRE HAY QUE PONER ORDEN Y LAS COSAS SE VEN EN SU VERDADERA DIMENSIÓN.

  2. lilen Says:

    los beatles son lo mas. me encantan esas imagenes … nunca pasan de moda

  3. CAROLINA Says:

    NO SÉ MUCHO DE LOS BEATLES, PERO SÍ SÉ QUE DEBERÍAS SER MÁS ORDENADO. JAJAJAJA. SALUDOS.

  4. maia Says:

    muy buenas imagenes. no las conocia.

  5. mariano moral Says:

    “Compartir es una de las cosas más maravillosas que tiene el ser humano siempre que se haga con sinceridad”. Me gusta la frase. Así que voy a compartir tu pequeño tesoro Alfredo.

  6. Marcelo Says:

    A una edad imprecisa, pero que casi siempre coincide con el colegio secundario, cierta clase de humanos se pregunta: ¿qué estoy haciendo aquí? En principio, esa pregunta se circunscribe al entorno (escolar, casi siempre): ¿qué estoy haciendo aquí, escuchando cuántas ramificaciones tiene el río Pilcomayo? Y no pasa mucho antes de que la misma persona se pregunte: ¿qué estoy haciendo aquí en la vida? Puede que esa persona nunca encuentre la respuesta, pero descubrirá que a esa vida puede administrarle placeres, amores, victorias, luchas y –por qué no- una colección de cualquier cosa. Víctor González, psicólogo y coleccionista de revistas de comics, dijo una vez que “en una colección, el ser humano hallará un porcentaje del sentido de la vida. Y los objetos que colecciona, que no lo alimentan, que no lo abrigan, que no le son útiles, le brindan lo que ninguna persona ni situación: el sentimiento de pertenencia absoluta”.

    Muchos de los coleccionistas con los que hablé sostienen que el espacio que viene a llenar en el hombre una colección puede comenzar por ser afectivo. Parece ser que en la adolescencia, cuando no tenés pareja, la colección ocupa el lugar de algo que te acompaña (dicho esto sin el menor menosprecio por el sexo femenino, of course). Pero la prueba de fuego es cuando se consigue pareja: si continuás coleccionando es porque sos un coleccionista de verdad. Aunque tu mujer (o marido, madre, amigo o hermana) te mire con cara de “pobrecito, ¿no?” y piense que sos poseedor de una regresión infantil en grado avanzado.

    Cuando se dice que hay coleccionistas para todo se sabe de lo que se habla. Y así, coleccionistas de historietas, de discos, de estampillas, de latas, de figuritas, coinciden en inventar valores propios, sin posibilidad de cambio en otro mundo que no sea el suyo. La más rara lata de gaseosa puede no valer un céntimo para un numismático y la marquilla de cigarrillos más preciada por un obsesivo adolescente de Morón puede ser arrojada sin reparos a un canasto de basura en Estambul por un ciudadano que no siente el menor respeto por los envases de cartón. Y si los tesoros le plantean al grueso de la humanidad problemas cuantitativos (largos viajes, exhaustivas búsquedas, poderosas inversiones), el coleccionista realiza la tarea de decidir por él mismo qué es un tesoro y responder así la gran pregunta: ¿a qué consideramos un tesoro?

    Particularmente, pienso que el coleccionismo no se puede explicar. Te pasa o no. Es difícil decirle a alguien que pagaste 200 dólares por un pedazo de papel. Pero en pocas palabras es querer atrapar en parte tangible el paso del tiempo con objetos o cosas que te generaron y generan sentimientos.

    Y aquí tal vez reside una de las claves del coleccionismo: el valor de la mercancía está determinado por una cantidad de variables que –en el caso que nos ocupa- no pasan por el trabajo invertido en su hechura. Para los coleccionistas, el valor tiene que ver con la cantidad de misterio que un objeto puede contener, con las emociones que ese mismo objeto le genere, con el placer de poseer algo muy buscado por otros y que sólo está en nuestro poder y también con el grado de “calentura” que tengamos por adquirir algo.

    “La colección fue en aumento; la casa fue quedándose pequeña. Para hacer hueco para sus objetos, Heepish fue prescindiendo de mobiliario. Llegó el día en que ya no quedaba sitio para la señora Heepish. La Novia de Frankenstein la estaba desplazando. Ella conocía la inutilidad de solicitar siquiera un alto a la recolección, y una disminución era algo impensable. Se mudó y obtuvo el divorcio acusando como rival a la Criatura de la Laguna Negra”. Philip José Farmer sabía de lo que hablaba cuando escribió estas palabras en ‘La Imagen de la Bestia’.

    Y aunque los objetos que se coleccionan sean diametralmente opuestos, casi se puede afirmar que las almas de los coleccionistas son similares entre sí, ya que hay puntos de contacto entre quien se desgañita por conseguir una edición rara en vinilo de Joan Baez y quien lo da todo por una bayoneta utilizada contra cualquier ser humano en la guerra de Vietnam. El coleccionista siempre será admirado no ya por la extraña pieza que haya conseguido sino por la extraña magia que es capaz de insuflarle a cualquier objeto.

    Y como nada detiene a los que coleccionamos –y siempre puede aparecer algún objeto por el que daríamos gustosos la vida- no quiero cerrar este comentario sin contarles que atesoro objetos relacionados con los Beatles, con el cine, comics, libros y revistas de épocas pretéritas y hasta las figuritas con las que me supe entretener con mis compañeritos de colegio. Y que estaré eternamente agradecido con aquel desprendido que quiera colaborar con mi locura.

    Yo también soy coleccionista. Y todavía puedo deshacerme de algunos muebles.

  7. Damas Art Says:

    Bueno, yo tengo que decir, que, aunque soy más jóven (jeje), mi infancia y mi adolescencia transcurrieron en un entorno musical presidido por The Beatles. Mi hermana (que me llevaba 11 años) y su novio, que después fué su marido, eran fans incondicionales de esta magnífica banda y lo siguieron siendo siempre. Yo pasaba mucho tiempo con ellos. Mi cuñado sacó la carrera de medicina y durante el tiempo que estuvieron casados su trabajo lo iba trasladando de ciudad en ciudad dentro de España, y yo pasaba los fines de semana con ellos y también largas temporadas de vacaciones. Así que crecí cantando con The Beatles, Te Mammas & The Pappas y otras bandas de la época. Pero “Los escarabajos” eran sagrados y los escuchábamos una y otra vez. Mi hermana y mi cuñado se separaron, ella tuvo mala suerte en la vida y una enfermedad degenerativa acabó con su vida el 1 de Mayo de este año, aunque me he encontrado con mi excuñado alguna que otra vez, y en todas las ocasiones lo he escuchado tararear alguna canción de los Beatles. El es un beatlemaníaco como tú. Yo lo fuí durante años también, aunque ahora también me gustan los Rollings Stones, jajajajaja.
    Bueno…me despido, pero no sin enviarte “All my loving”.

  8. Arturo H. Manriquez Says:

    Bueno amigo como le comente el día que leí este maravilloso relato y vi su colección de fotos, que no puedo ser objetivo ya que soy un fiel fan de los beatles solo me queda agradecerle el haber compartido sus tesoros y este escrito tan sentido.

  9. MIRTA BEATRIZ FRANCESCHINI Says:

    BUENOS DIAS QUERIDOS AMIGOS DEL BLOG……..SI BIEN NO SOY FANATICA DE LOS BEATLES, A PESAR DE QUE ME GUSTAN SUS TEMAS, EN GENERAL CREO QUE TODOS LOS SERES HUMANOS SOMOS COLECCIONISTAS DE ALGO.- NUNCA NOS PARAMOS FRENTE AL OBJETO COLECCIONADO Y NOS PREGUNTAMOS; ME SIRVE?……CUANTO HACE QUE NO LO USO?…..LO USARE EN LOS PROXIMOS DIEZ AÑOS?….A QUIEN LE SIRVE ?…….SIEMPRE HAY OBJETOS Y HASTA “PERSONAS” QUE COLECCIONAMOS PORQUE TENEMOS HABITOS Y SOBRE TODO APEGOS.- NOS CUESTA DESAPEGARNOS DE LAS COSAS.- YO TENGO CAJAS LLENAS DE CD DE MUSICA CLASICA Y AHORA QUE HAGO? ME METO EN YOU TUBE Y ESCUCHO LO QUE QUIERO……..LA VIDA CONTINUA Y AVANZA Y NOSOTROS NOS QUEDAMOS PEGADOS A TODO LO QUE ES RECUERDO Y PASADO…..FOTOS…..MUSICA……MUÑECOS…..PAPELES……. SOLO ES CUESTION DE PRACTICAR EL DESAPEGO.- DEJAR IR NO ES FACIL.- NO ES FACIL HACER UNA FOGATA CON FOTOS DE NUESTRO PRIMER MATRIMONIO CUANDO YA VAMOS POR EL TERCERO POR LOS HIJOS, POR SI ACASO, PORQUE ME VEO BONITA VESTIDA DE NOVIA, ETC…….PERO RESULTA QUE YA PASARON TREINTA AÑOS……….SOLTAR ES LA CLAVE…….SI DURMIERAMOS EN LA CALLE SOBRE UNOS CARTONES, CON UNA FRAZADA Y UNA ALMOHADA SERIA ESE NUESTRO UNICO PATRIMONIO Y EL DIA QUE NO ESTEMOS, EL PRIMERO QUE VENGA DETRAS NUESTRO, HARA UN HERMOSO “SAN JUAN” CON NUESTRA COLECCION DE………….A LOS QUE LLAMAMOS “TESOROS ”
    SALUDOS A TODOS

    • alfredoh Says:

      Tu comentario tienes cosas que son verdad y otras que a lo mejor lo son en ciertas circunstancias. Si tenés tus recuerdos guardados seguí guardándolos si te hace bien guardarlos. Si cuando ya no estés que los que vienen decidan ellos. Si quieren hacer una fogata es un problema de ellos No les saques el trabajo. Vos hacé lo que te haga bien hacer. De cualquier manera creo que tus descendientes van a guardar tus fotos y muchos recuerdos tuyos. Y está bien que lo hagan.

  10. clark Says:

    linda fotos de los beatles. una coleccion

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