MARÍA BELÉN Y LA LUZ INTERIOR

Hay una imagen que se repite en la cabeza de María Belén González una muchacha de 23 años. Es la de ella deslizándose por el capó de un auto que acelera a fondo. Grita desesperada. Le pide a Dios que la ayude. Cae al piso y siente que las ruedas la aplastan. El conductor repite la maniobra, ahora marcha atrás. Un hombre baja, le saca su arma y gatilla dos veces. Las balas no salen y ella simula estar muerta. Un año después, la joven oficial de la Bonaerense superó más de 20 operaciones y sigue luchando, aferrada al milagro de haber sobrevivido. “Todavía me da miedo cruzar la calle”, confiesa.

Su vida cambió el 29 de julio de 2015. Ese día terminó de trabajar en el CPC de Avellaneda a las 18.30. Una hora después se encontró con su tía en la estación de San Francisco Solano, partido de Almirante Brown. Llevaba puesto su uniforme y el arma reglamentaria en la cintura. Decidieron ir caminando. En la esquina de Humberto 1° y La Calandria, escuchó un auto acelerar. Reaccionó rápido. Empujó a su tía pero no pudo esquivar el coche, en el que iban tres ladrones. Después del brutal ataque, lo asaltantes escaparon con su pistola 9 milímetros.

Cuando llegó al hospital Arturo Oñativia los médicos le dieron pocas horas de vida.

El diagnóstico no estaba equivocado, pero María Belén tenía dentro suyo algo que no sale en las radiografías. Tenía esa pequeña luz interior que a veces parece apagada pero que se enciende cada vez que la necesitamos. Esa luz que crece hasta iluminarlo todo y que le dice a una persona que no quiere morir. Es la voluntad de resistir a la adversidad.

María Belén tenía esa luz interior que la sostuvo todo este tiempo.

 

 Tenía fractura de clavícula, cadera, fémur, tibia, peroné, pelvis y cráneo, entre otras lesiones. “Nos decían que no la podían trasladar porque no aguantaba ni dos cuadras”, recuerda Milagros, su mamá. Al otro día ingresó en el Centro Médico Integral Fitz Roy, en el barrio porteño de Villa Crespo, donde estuvo internada dos meses y medio. Ahora regresa al menos tres veces por semana para realizar la rehabilitación. Los médicos la felicitan y a su mamá se le empaña la mirada. “No puedo creer cómo sigue en pie después de todo lo que le pasó. Como me dicen los médicos, tiene una ferretería en el cuerpo”, explica emocionada.

 

Cada movimiento es supervisado por Andrea, coordinadora del Servicio de Rehabilitación, y por Diego, uno de los que más la ayudó en su recuperación. Fue él quien la sostuvo cuando se volvió a parar, en octubre del año pasado. Ese día lloraron todos. “A veces viene con más ganas y otras, con menos. Pero tiene mucha fuerza”, “Seguir”, explica la joven atropellada, es más que una palabra.  “Hay días que no tengo apetito y me cuesta levantarme de la cama. Pero me aferro mucho a mi familia, a mis tres sobrinas y a toda la gente que me quiere. Y a mis animales, obvio”

El número de operaciones que restan es una incógnita. Le tuvieron que hacer una limpieza en la pelvis, donde tiene un implante que le provocó una infección. Se muere de miedo cada vez que le toca entrar al quirófano y nunca sabe de dónde puede venir el próximo golpe, pero esa incertidumbre no le impide proyectar su futuro.  No descarta seguir su carrera como policía, una vocación que tiene desde chica. También analiza estudiar radiología. En la lista hay otros objetivos: volver a salir con amigas, ir a la cancha y jugar al fútbol.

No se dejó vencer y ahora tiene proyectos gracias a su luz interior que se prendió a tiempo.

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7 comentarios to “MARÍA BELÉN Y LA LUZ INTERIOR”

  1. Raúl Says:

    Muy buena nota. Esa pequeña luz interior que nos ayuda cuando más la necesitamos. Está relacionada con la fuerza de voluntad.

  2. Rosana Says:

    Sentí esa sensación en los peores momentos de mi vida. Una pequeña llama que se enciende en el peor momento. Poco a poco uno se repone y sale de la situación. La fuerza interior.

  3. Damas Art Says:

    Nunca sabemos lo fuertes que somos hasta que no nos queda más remedio que serlo. Y el miedo sigue estando presente, constantemente, pero ese “agarrarse a la vida” supera todos los miedos(o casi todos).
    Besos Alf!

  4. Daniel Says:

    Alfredo, me encanta este nuevo artículo y estoy totalmente de acuerdo con que “el agarrarse a la vida”, es una buena manera de vencer los miedos o los obstáculos que puedan presentarse.
    Lo saludo atentamente

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