MALALA

Los talibanes fueron (y son) un grupo que se organizó para oponerse a la invasión rusa (en esos momentos llamada Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas- U.R.S.S.) en Afganistán.

Rechazada esta intervención, con la ayuda de los EE. UU., este grupo funcionó como combatientes desorganizados. De 1994 a 1996 ya fueron  una milicia organizada con objetivos claros. De 1996 a 2001 tomaron el gobierno afgano.

Asumieron como base de su gobierno la más irrestricta obediencia a la ley musulmana a la que había que obedecer de manera irrestricta y dictatorial. Una de sus principales víctimas fueron las mujeres. Éstas se vieron obligadas a usar una vestimenta llamada burka que dejaba ver apenas unas partes del cuerpo y de la cara. No se les permitía trabajar ni recibir educación después de los ocho años, y hasta entonces solo se les permitía el estudio del Corán. No podían ser atendidas por médicos de sexo masculino si no eran acompañadas por un hombre, lo que llevó a que muchas enfermedades no fuesen tratadas y murieran por enfermedades que hasta ese momento eran fácilmente curadas en Afganistán antes de la llegada de ese grupo al poder.

El 9 de octubre de 2012 una niña llamada Malala Yousafzai recibió un disparo en la cabeza cuando regresaba en autobús de la escuela a su casa en la ciudad de Mingora, en el noroeste de Pakistán. El motivo del ataque perpetrado por el Talibán era claro: esta joven de 16 años se había atrevido a levantar su voz para defender el derecho a la educación de las niñas.

El mundo reaccionó con horror. Su padre, Ziauddin Yousafzai, se preparó para lo peor. Mientras acompañaba a su hija en el helicóptero que la trasladaba de urgencia desde el Valle de Swat a un hospital militar en Peshawar, le pedía a sus familiares que iniciaran los preparativos para el funeral.

Pero después de varias semanas en cuidados intensivos Malala sobrevivió. Y aunque las balas del Talibán cambiaron su vida para siempre, no hicieron mella en su determinación de luchar para que las niñas en su país puedan tener acceso a una educación gratuita y obligatoria.

En su primera entrevista en profundidad desde el ataque, Malala conversó con la BBC sobre la necesidad de entablar un diálogo con los extremistas como el único camino para alcanzar la paz y recordó en detalle lo ocurrido el 9 de octubre.

Aquel 9 de octubre por la tarde Malala salió de la escuela como cualquier otro día y se subió al autobús que la esperaba a la salida. El viaje era corto, un camino que se podía hacer fácilmente a pie: había que pasar un descampado donde los niños suelen jugar al criquet y luego bordear la rivera del río hasta llegar a la casa.

Mi madre me dijo: ‘Ahora que estás creciendo y la gente te conoce, no debes ir caminando, debes ir en carro o en autobús para estar más segura'», recuerda Malala.

Iba sentada, charlando con su amiga Moniba, pensando en los exámenes que había rendido y en los que tenía aún por delante, cuando notó algo inusual. La carretera parecía desierta.

Momentos más tarde, a unos noventa metros de la escuela, dos hombres pararon al autobús y preguntaron quién era Malala. Ella no se acuerda de cómo eran, pero su amiga Moniba sí. Parecían dos estudiantes universitarios, dice.

Moniba pensó que eran dos periodistas que querían entrevistar a su amiga famosa. Aunque Malala escribía un blog anónimo para el Servicio Urdu de la BBC donde hablaba de sus miedos y esperanzas de poder seguir yendo a la escuela, no dudaba en expresar públicamente sus opiniones sobre el derecho de las mujeres a la educación y había participado en un programa de televisión nacional en el que habló con valentía sobre el tema.

Rápidamente Moniba se dio cuenta de que se trataba de otra cosa: la mirada de Malala traslucía temor.

Los hombres comenzaron a disparar. Las dos niñas que estaban sentadas al otro lado de Malala -Shazia Ramzan y Kainat Riaz- también resultaron heridas. «Escuché los disparos y luego vi mucha sangre en la cabeza de Malala», rememora Kainat. «Cuando vi toda esa sangre sobre Malala, me desmayé».

Pasaron diez minutos hasta que alguien se acercó a ayudar las niñas aterrorizadas.

En ese momento, nadie se hubiese imaginado que el Talibán podría atacar a una niña. Es cierto que hubo varios incidentes en los que el Talibán quiso darles una lección a las mujeres. A principios de 2009 una bailarina acusada de inmoralidad fue ejecutada.

Pero en 2012, los peores días del Talibán ya habían pasado en la región de Swat. Un operativo militar de grandes proporciones había despejado a la mayoría de los militantes y los que permanecían allí, mantenían un perfil bajo.

«La vida seguía su curso normal para la gente normal. Pero para quienes expresaban su opinión, era un momento peligroso», dice Malala.

Y ella no se quedaba callada.

Después del incidente y de ser hospitalizada en Peshawar primero y luego en Islamabad, Malala despertó de un coma inducido a mediados de octubre en Birmingham, Inglaterra.

«Abrí los ojos y lo primero que vi fue que estaba en un hospital. Veía médicos, enfermeras. Le agradecí a Dios por haberme dado una nueva vida».

Contra todo pronóstico, su recuperación fue asombrosa, un tributo no sólo a la calidad del cuidado que recibió sino, según dicen los médicos, a su propia resistencia y determinación.

Tras una serie de operaciones para restituir su capacidad auditiva en uno de sus oídos y para reconectar un nervio facial que le devolviese el movimiento a una parte de su rostro, Malala dio un paso crucial que demostró en qué medida había superado el incidente del autobús.

Malala celebró su 16º cumpleaños con un discurso frente a una asamblea de jóvenes en la sede central de Naciones Unidas en Nueva York.

«Un niño, un maestro, un libro, un lápiz pueden cambiar el mundo», dijo ante una multitud que la ovacionó de pie.

«Cuando vi a 400 jóvenes de más de 100 países me dije: no sólo le estoy hablando a la gente de Estados Unidos y otros países. Le estoy hablando a todas las personas del mundo».

Y su discurso no se ciñe sólo a la educación. En la entrevista con la BBC, Malala enfatizó la importancia de dialogar con el Talibán para alcanzar la paz.

«La mejor forma de resolver los problemas y luchar contra la guerra es a través del diálogo», dijo.

«Eso no es un tema para mí, es el trabajo del gobierno” afirmó.

En menos de un año, la niña del Valle de Swat se convirtió en un fenómeno global. Es más, se especulaba que podía ser la ganadora del Premio Nobel de la Paz que se anunciaba ese viernes en Estocolmo. Este hecho se hizo realidad cuando en el 2014 a los 17 años se convirtió en la persona más joven en acceder a ese premio en cualquiera de las categorías que se otorga.

Sin embargo, pese a su fama, Malala sigue pensando en volver a Pakistán e ingresar en la arena política.

Muchos temen que regresar comprometa su seguridad. Otros ven con ojos críticos la atención que está generando a su alrededor, especialmente en Occidente.

También hay quienes creen que cuanto más tiempo pase fuera de su país, más difícil será que la reconozcan allí como una verdadera paquistaní y que no la identifiquen con Occidente.

Pero a Malala no parecen importarle las críticas. Todos tienen derecho a expresar sus sentimientos, dice y «yo tengo derecho a decir lo que quiero». «Quiero hacer algo por la educación, ese es mi único deseo».

Críticas aparte, lo cierto es que Malala es una joven singular, con una sabiduría poco frecuente en niñas de su edad, sensible y centrada. En sus pocos años ha experimentado lo peor y lo mejor que pueden ofrecer los seres humanos, tanto de parte de los médicos que se ocuparon de ella como de las miles y miles de personas que le brindaron su apoyo.

La voz de la niña que el Talibán trató de silenciar se amplificó hasta llegar a lugares inimaginables.

Cuando la BBC le preguntó, qué creía que el Talibán había logrado ese día, Malala respondió con una sonrisa.

«Creo que estarán arrepentidos de haberle disparado a Malala. Ahora a ella», dice refiriéndose a sí misma en tercera persona, «la escuchan en cada rincón del mundo».

En marzo del 2018 regresó a Pakistán por primera vez desde que fuera atacada por los talibanes. Aunque fuera solamente una visita, Malala no pudo contener las lágrimas de emoción al volver a pisar suelo pakistaní.

En la actualidad, Malala Yousafzai estudia Filosofía, Política y Economía en la Universidad de Oxford. Su trabajo en la fundación no ha cesado desde su creación y continúa luchando por el derecho a la educación.

Es raro que en la actualidad el feminismo, que se adscribe a la parte del izquierdismo llamada progresismo, no haya tomado a esta pequeña mártir como un ejemplo. Más bien defienden a todos los movimientos árabes fundamentalistas que denigran a las mujeres. ¿No les parece que es algo contradictorio? ¿No les parece repugnante?

Bueno, quedo a las espera de sus opiniones.

Gracias.

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14 respuestas to “MALALA”

  1. Daniel Bufi Says:

    Hola Alfredo, recién leí este artículo redactado en su sitio web y me enteré de cosas que yo no conocía cuando relata la situación de los musulmanes y también cuando menciona la reacción que tuvieron los talibanes ante la invasión de la Unión Soviética a fines de los años 90.
    El relato sobre la chica Malala, me parece muy ameno y me alegro que haya podido sobrevivir al ataque que sufrió.

    • alfredoh Says:

      Gracias Daniel por enviar tu comentario. Es bueno que hayas comprendido la gravedad de ese momento y como una pequeña niña debió enfrentarse sola a semejante horda de desalmados que venían a matarla.
      Venían a matarla solo porque reivindicaba el derecho que tienen todos los niños (sean varones o mujeres) a recibir una educación básica.

  2. Daniel Bufi Says:

    Otra cosa que quiero resaltar de esta nota cuando se la nombra como una chica con mucha sabiduría y asociarla al Premio Nobel de la Paz.
    Me parece muy bien que ella esté luchando por el derecho a la enseñanza, creo que en otros países del mundo debería hacerse lo mismo, como le digo sus notas son muy interesantes, le deseo lo mejor y nos hablamos en cualquier momento

  3. alfredoh Says:

    Estoy de acuerdo con vos en que haya gente en el mundo que luche por los derechos de la Educación ya desde la infancia. Y me parece horrible que existan grupos que le nieguen esa posibilidad a las mujeres.

  4. Daniel Bufi Says:

    Alfredo, me alegro que le hayan gustado los comentarios que le redacté en su última nota, yo deduje que hay mucho machismo y gente desalmada en muchas partes del mundo y sobre todo en los países árabes, parece que hay personas o grupos que quieren demostrar soberbia y también egoísmo. Para ir cerrando el comentario, creo que la mujer es también objeto de maltrato para muchos.
    Nos estamos hablando a la brevedad, hasta cualquier momento.

    • alfredoh Says:

      Claro que me gustó Daniel. Y estoy de acuerdo que la situación en esos países es terrible para las mujeres. Sobre todo porque se basan en principios religiosos que tienen más de 1.500 años de antigüedad y que son muy retrógrados.

  5. mirta franceschini Says:

    Hola mi bello amigo.-

  6. mirta franceschini Says:

    Hola mi bello amigo.- Primero queria corroborar que mis datos estuviesen bien.- El caso de Malala , me parece por demás interesante-ya que estamos en una época histórica de rebelion de mujeres-.- Lo que me resulta extraño en todo esto es el comportamiento de sus compatriotas, de su país.- No defender a Malala, es como no reconocer a la mujer en el mas mínimo aspecto.- Pero ya sabemos del fundamentalismo y como piensan y sienten.- Creo que se trata de milenios de una cultura patriarcal y ellos , por siempre aliados de EE.UU, siempre se han comportado de esa forma.- En Nombre de Alá, han cometido tantas atrocidades, que dan escalofríos.- No resulta extraño que no la defiendan.-Todo lo contrario, es apenas natural y como tú dices repugnantemente contradictorio.-Muchas Malalas deberían habitar este loco mundo y recibir el reconocimiento de los gobiernos.- Esto nos hace reflexionar que, desde hace miles de años , la mujer ha sido sometida y vejada y nunca se le ha preguntado qué vida desea vivir.- Te abrazo fuertemente y te deseo todo lo mejor.- Perdon por la demora en responder y siempre recuérdamelo !!!!! besos !!!!!!!

    • alfredoh Says:

      Estoy de acuerdo en todo lo que decís Mirta en cuanto a las culturas árabes que denigran a las mujeres y no les otorgan el más mínimo derecho. Es un fundamentalismo horrible que trata de imponerse en toda la región y lo está consiguiendo.Pero en lo que te equivocás es en que son aliados de los EE. UU. y en que lo fueron siempre. Salvo un corto período durante la invasión rusa siempre fueron enemigos mortales. Ellos colaboraron en los ataques de setiembre del 2001 contra las torres gemelas y dieron asilo a Al Qaeda. Esto hizo que comenzara una guerra que todavía dura y es la más larga en que participaron los EE. UU.

    • alfredoh Says:

      No es verdad, estimada Mirta, que ellos menosprecian y maltratan a las mujeres por culpa de los EE. UU. como decís en tu comentario. Lo hacen por la aplicación de un código «moral» que tiene 1.000 años y que no condice con los códigos morales actuales.

  7. rosita Says:

    Una nota muy oportuna para el momento que está siguiendo el mundo. Seguiré leyendo.

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